Los vendedores de ganado del sur de España crearon las ferias, espacios de socialización que marcaron para siempre al folklore andaluz con códigos específicos de vestimenta sostenidos a lo largo del tiempo y que representan lo más profundo de nuestra cultura: coloridos trajes de flamenca y el inseparable abanico, complemento esencial para paliar los sofocos del calor. De sencillez visual aparente es sinónimo de complejidad y sofisticación cuando en cada movimiento de muñeca se expresan cosas distintas, formas que se dibujan en el aire y que a lo largo de las décadas se convirtieron en lenguaje y medio silencioso de expresión femenina. La unión entre muñeca y abanico no solo es desplazamiento sutil del aire, sino que en cada oscilación se guarda un secreto, un enigma que algunos eran capaces de descifrar, una formación de comunicación completa: las féminas podrían denotar un sentimiento de amor hacia un hombre con un movimiento sensual y lento de la muñeca que acompañado con intrépidos intercambios de miradas podrían sellar un destino amoroso en común. Por el contrario, si el enfado se apoderaba de la mujer en cuestión, el abanico se convertía en instrumento de defensa pasiva con movimientos bruscos sobre el pecho, muy visibles, enarbolando un rechazo profundo. El secreto que mueve el aire, son los abanicos en las manos de mujer, el viento de abril que entre vestidos flamencos, vinos, música, baile, comida y fiesta marcaron para siempre códigos que se comparten y heredan.

Casi con la misma naturalidad con la que estos códigos de vestimenta y lenguaje no verbal surgían en las ferias, la necesidad por paliar el calor primaveral hizo que se diseñara un cóctel con base en vino Fino o Manzanilla (dependiendo del lugar de elaboración) y cuyo origen cifran algunos en un combinado de origen inglés de nombre Sherry Cobbler que mezclaba agua con gas, azúcar, zumo de limón y vino de Jerez. El afamado Rebujito es una bebida tan icónica y andaluza como el traje y su abanico, y siempre me he negado a darle origen y mérito de su creación a los ingleses, que aunque los reconozco como enamorados de mi tierra, en realidad fue en los años 90 cuando el clamor del pueblo lo hizo de sagrada obligación feriante al mezclar vino Fino o Manzanilla, gaseosa de lima-limón (7up o Sprite) y grandes cantidades de hielo para disminuir los embates del calor del sol y el baile. Con la misma pasión andaluza, portaré mi abanico y disfrutaré de mi Rebujito en el real de la Feria donde se respira y se vive el vino de Jerez. Porque somos andaluces orgullosos, llenos de feria, sol y Rebujito.

Recomendación del mes

El vino Fino de las Bodegas Osborne, Fino Quinta, uva Palomino que desde hace décadas cambia anualmente de etiqueta para homenajear la Feria de El Puerto de Santa María “Feria del Vino Fino”; para 2018 un diseño que recuerda el movimiento de un abanico en las manos de una mujer. Un vino realizado bajo el sistema tradicional de criaderas y solera, cuatro años de crianza biológica, con una vista dorada pálida y ribetes esmeraldas, aromas a almendras amargas, notas herbáceas, de boca salinaperfecto para beberlo fresco o combinarlo. Un vino que al igual que el abanico se transforma en un coctail de consumo en ferias para paliar el calor, el más usado en toda la feria y sustancia primigenia del Rebujito andaluz.

 

Ruth Amaya

Formadora homologada por el Consejo Regulador de D.O. Jerez. Difusora global de los sherry wines, enamorada de la gastronomía y dedicada al gastromarketing con 20 años de experiencia. Visítame en http://www.ruthamaya.com

 

 

 

 

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