Real Isla de León 1810, resistió heroicamente el avance del invasor, y se convirtió en sede de las Cortes y de la capitalidad de la nación, cuando España era una isla.

Y allí me fuí, a mi ciudad, a mi pueblo natal a una celebración centenaria que nos llena de orgullo a los nacidos aquí. Porque San Fernando, La isla de León, resistió heroicamente el avance del invasor -los franceses- y se convirtió en sede de las Cortes y en la capital de la nación, cuando España fue una Isla.

Y así cada año conmemoramos la constitución de las Cortes Generales y Extraordinarias el 24 de septiembre de 1810. Dos años más tarde fue la sede de la redacción de La Constitución mejor conocida como La Pepa, por haberse firmado el día de San José.

Hasta entonces un evento de orgullo para hombres y mujeres por esa resistencia contra los franceses. Porque no hubo un solo francés que pusiera un pie en los adoquines de nuestras calles, pues como decía esa canción popular: “con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las gaditanas tirabuzones”. Haciendo referencia al plomo que exitía en las bombas que intentaban franquear esa frontera y que las mujeres calentaban en fuego y lo usaban como utensilios para rizar sus cabellos. Un canto popular que selló para siempre el orgullo de haber defendido exitosamente la Isla y con ello a España entera.

Pues bien señores parece ser que esa es la única alusión a la presencia femenina en esos momentos históricos -la de las gaditanas haciendo tirabuzones- porque como sentenció Pepa Bueno, periodista premiada en este aniversario, “La Pepa se hizo para los pepes”.

Y allí me encontré yo, de frente ante mi intacto orgullo de pertenencia pero ofendida porque dos siglos después aún estemos reivindicando la igualdad y el empoderamiento, como si alguien nos lo tuviera que otorgar, como si fuese un premio por la lucha diaria de equidad .

Debo y tengo que reconocer que huyo de las reivindicaciones femeninas, quizás porque en mi fuero interno me niego a que nos sea otorgada, me niego a que sea complacida por los mismos que nunca nos la quisieron dar, porque dos siglos después aún estamos a viva voz diciendo que formamos parte de nuestra historia pero no formamos parte de las páginas que se escribieron.

Mi 24 de septiembre ya tiene nombre de mujer, de todas aquellas que lucharon en las trincheras, curaron a los heridos, alimentaban y criaban al futuro de la sociedad, mujeres del pasado que se merecen que las mujeres del futuro hablemos de ellas, porque si bien dicen que la historia siempre fue escrita por los vencedores, con las mujeres la historia siempre fue escrita por los hombres que ya podían haber contado que no solo se hacían tirabuzones con las bombas que tiran los fanfarrones.

 

 

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