(columna originalmente publicada el 15 de febrero en la sección Pimienta del diario mexicano Excélsior)

Que me acusen de romántica, pero en febrero es casi imposible no hablar del amor. Por más que luchemos contra los tópicos cinematográficos que se entreveran en la cultura, hay que aceptar que las ofrendas de rosas son consideradas la mayor demostración romántica moderna, y hay días que nos quisiéramos ver reflejadas en escenas cliché como las de “Bed Roses” o “Pretty Woman” en la que las rosas significan protección, felicidad y el triunfo del amor. Sin reivindicaciones sexistas o posicionamientos de las diferencias de género, las rosas como un detalle que materializan el amor.

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Las rosas rojas señalan los lineales de uvas tintas.

Pues sí, soy mujer y me gusta vivir escenas en las que un ramo de rosas te hacen feliz, y recientemente descubrí que el amor en un viñedo también se expresa con rosas. En Francia, los paisajes vinícolas tienen un colorido y belleza adicional que rompen la homogénea belleza verde de la vid: enormes rosales plantados al inicio de cada lineal y como marco protector del terreno. Las uvas están amorosa y fuertemente protegidas como resultado de la rápida respuesta de los monjes de la Borgoña Francesa cuando a mediados del siglo 19 los viñedos fueron arrasados por el hongo oídio que llevaba más de dos años de incapacitar los terrenos ingleses, lugar de origen de la plaga. Las rosas presentaban los primeros síntomas de la enfermedad y los monjes actuaban en consecuencia protegiendo a la planta con preparados de salvia, o cubriendo con azufre o cobre los terrenos.

El método de las rosas como elemento previsor de la enfermedad como un incipiente símbolo del afamado y proteccionista romanticismo enológico francés. Con su belleza enamoran y con su sensibilidad y fortaleza protegen a lo que verdaderamente aman, así son las rosas para el vino, y desde entonces es común que su destino esté marcado por la similitud en sus tonalidades: flores rojas para las cepas tintas, y blancas para las destinadas a blancos o espumosos; una historia de amor entre rosas y vides.

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Columna publicada en la sección Pimienta del diario mexicano Excelsior, que a través de la periodista y editora de la sección Brenda Vega abre las puertas a la exploración de los vinos, pensamientos y reflexiones profundas en este medio mexicano de alcance global. Síganlo en facebook/pimienta

Reserva-Real-CdP-B-copia-800x1539Con las rosas en mi memoria romántica, me encontré con un cava de la casa catalana Freixenet, un Reserva Real con más de 35 años de edad y cuya historia es un acto de amor y protección en sí misma por la cantidad de años guardada en silenciosas bodegas y porque la última vez que algunas botellas similares vieron la luz para un fastuoso brindis de una boda. Tranquilo y paciente en su burbuja, el color amarillo pálido es protagonista, y en nariz es un golpe de memoria olfativa de la mañana del 17 de febrero cuando las rosas regaladas tres días antes intensifican su aroma en un jarrón.

Para mi alma romántica, las mayores historias de amor nunca tuvieron un final y la de la vid y la rosa representan el significado de un amor perpetuo. Vides y rosas para siempre.

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