¿Se puede tener dos amores a la vez? Porque el amor surge cuando o donde menos lo piensas, puedo decir que fui, vine y me enamoré para toda la vida.

Soy española de nacimiento y corazón, viajé por el mundo sin encontrar momentos para un segundo amor -una segunda tierra- porque mi corazón estaba ocupado. Pero hace poco sentí una punzada en el alma, un delirio que me hizo pensar y sentir que en algún momento de mi vida yo fui mexicana.

En cuanto puse sobre mis hombros un rebozo michoacano, me sentí igual de mexicana que española, como si usara mi mantón de manila andaluz. Una dualidad que se resuelve continuamente y sin conflicto en el corazón, que motiva a explorar con emoción los que hoy son mis dos amores infinitos. Desde aquel momento mágico, los síntomas duales no paran: al usar flores en mi cabeza no sé si luzco más andaluza o mexicana: ¿será ese tocado una tradición gaditana, o es Frida Kahlo que se expresa con fulgor, como símbolo de sus pinturas y fotografías? Feminidad de ida y vuelta.

Pero la mayor manifestación dual está en lo gastronómico: con el mole y mis vinos de Jerez. Aunque soy conocedora en continuo aprendizaje de la complejidad técnica de este plato con tanto peso culinario y cultural, permitidme ser romántica y decir que el mole se siente o no siente, que levanta pasiones encontradas y enfrentadas, que su complejidad en el paladar hace que se despierten emociones dormidas, tal vez otrora sentidas, o nuevas en mente pero no en alma. El mole puede ser una eterna “primera vez” para propios y ajenos a esta gran cocina. En mi caso, al probarlo enseguida encontré similitudes con mis vinos de Jerez, y me dediqué a buscar un vino apropiado para construir un concepto que uniera mi pasión de siempre con mi amor recién encontrado.

Pero para su complejidad gustativa no hay respuestas únicas o verdades absolutas, porque como en la vida, son los gustos o preferencias personales las que terminan por decidir. Como sugerencia referencial encontré en los Amontillados –en particular el NPU de las Bodegas Sánchez Romate- los que mejor integran con delicadeza a la uva Palomino a la larga lista de ingredientes que constituyen un mole. La simbiosis entre Amontillados y moles condensa mis amores separados por 9mil kilómetros de océano, pero unidos con fuerza en bocados que se resuelven y complementan, que bailan con cadencia para tratar de responder la eterna pregunta de si es posible tener dos amores sin volverse loca.

Dedico estas letras a Isabel mi madre española, y a Alejandra mi madre mexicana, que como su amor espontáneo, natural y desinteresado ha surgido el mío por México: hasta el día que yo muera y para siempre, entre rebozos, flores, moles y Jerez.

Si quieres que hable de tu vino, restaurante o producto gastronómico escríbeme a ruthamaya171@gmail.com

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Versión original de la columna en PIMIENTA del diario Excelsior con impresión quincenal y tiraje de más de 50mil unidades en la Ciudad de México

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