Soy española por nacimiento y desde hace un año me confieso como mexicana por decisión. Desde entonces en mi corazón convive el amor incondicional por un país propio y uno que me he apropiado despacio, a besitos y sorbitos, con mucho respeto, como quien bebe un buen mezcal. Y fue la primera vez que bebí mezcal cuando entendí verdaderamente lo que significa ser mexicano: amables, hospitalarios, sencillos para el trato y respetuosos del núcleo familiar hasta la saciedad, con una riqueza natural y cultural comparable solo con la que les sale del alma y se desvela en momentos de suma alegría o extrema desgracia. Beber mezcal fue como mi primer bocado de un taco al pastor en Monterrey, o como la primera vez que me puse un rebozo oaxaqueño sobre mis hombros: se rompieron instantáneamente los típicos prejuicios sobre el carácter mexicano y se reveló ante mi un país cuya grandeza apenas puede ser percibida a la distancia; mi alma naturalmente curiosa me pidió ir más allá, y en el corazón siempre quedará la nostalgia por volver.

Y son precisamente estas líneas un brindis por esa mexicanidad voluntariosa, en la que alejo por un momento mi catavinos lleno de Jerez para levantar con mi mano derecha una veladora llena de mezcal por esos corazones que el 19 de septiembre se transformaron en manos y pies activos, por las lágrimas de impotencia derramadas ante lo inverosímil de los paisajes de destrucción, y por la fuerza de voluntad mexicana que no descansa para disminuir –al menos momentáneamente- lo sufrido por esta incalificable catástrofe. Permítanme brindar adolorida por sus pérdidas, que también son mías; de beber con tristeza un sorbo de mezcal no para celebrar el olvido o la alegría desmedida, sino para que no se detengan en la lucha y sigan en pie de batalla, para que su corazón guarde el recuerdo de estos tiempos fatídicos para que después sirvan de motor para el crecimiento personal, social y nacional. El brindis es para enviar fuerza a ustedes que la están teniendo, para que sepan que a la distancia –al otro lado del mundo, del otro lado del Atlántico- no hay persona que no tenga el corazón acongojado por lo que les sucede. Son un país que se ha levantado antes y que lo sabrá hacer otra vez.

Recomendación del mes

Brindo porque los humanos no solo en la desgracia demostremos unión y fuerza colectiva, porque sea en los momentos de alegría en los que también nos mantengamos unidos y con fuerza eterna, que sean brindis de memoria para recordar como en unión sincera se genera más y mejor. Brindo desde Andalucía con el deseo de verlos pronto sonrientes, con las cicatrices a flor de piel pero orgullosos de las formas de situarse ante la desgracia. Brindo porque su fuerza contagie al mundo. Brindo porque la desgracia sea motivo de aprendizaje propio y ajeno, y que en ella nos fortalezcamos para siempre…

Si quieres que hable de tus vinos, restaurantes o productos gastronómicos envíame un mensaje a ruthamaya171@gmail.com

 

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