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Ante este título me surgen reflexiones de distinto orden: ¿cómo podría realizarse un evento así sin caer en una reivindicación sexista?; ¿cómo plantearnos el lugar de la mujer en cualquier sector sin etiquetarnos de feministas?; o tal vez con una nota de mayor gravedad, ¿cómo podríamos dejar de usar adjetivos calificativos por delante de los conceptos que aluden a lo femenino o de la palabra femenina en sí misma, y con ello conseguir una auténtica equidad de género? Retos que no son nuevos pero que cada día se avanza desde diversos frentes.

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Pues os cuento que un grupo de mujeres -como debe ser, desde el lugar desde el que tiene que venir- lo ha conseguido que con elegancia, pasión y sobre todo con el alma a flor de piel. Mujeres que se unieron alrededor de un proyecto fotográfico pero con una sola pasión: el vino de Jerez, y sus múltiples rostros femeninos que van desde la bodega misma hasta la distribución y venta frente al comensal.

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Rocío Ruíz, de Bodegas Urium; Sara Peñas, de Bodegas Diéz-Méritos; Silvia Flores, de González-Byass; Isabel Ortegón, de Bodegas Lustau y Victoria Frutos, de Bodegas José Estévez fueron convocadas por la fotógrafa Noelia Herrera en este proyecto “El vino, alma de mujer” para una cata magistral de sus vinos. Un poema bebible en toda la extensión de la palabra, una forma de adentrarnos en el alma expresiva de cada una de ellas so pretexto de los vinos ofrecidos.

La primer copa presentada fue del Fino en Rama, cuya elegancia natural es reflejo de su creadora, Rocío Ruiz, cuya fuerza, tesón y sensibilidad quedan expresadas claramente en cada bocado de sus etiquetas. Inmediatamente después llegó el ámbar de la mano de Sara Peñas, quien con su Amontillado dejó claro que las propiedades mágicas adjudicadas a esa ancestral resina son fácilmente comprobables -y bebibles- con esta etiqueta de condiciones únicas.

La dulzura y pasión vinieron de la mano de Silvia Flores con un Palo Cortado embotellado especialmente para la ocasión, que fue un total regalo de emoción y sinceridad, de luminosidad encapsulada que bajo el nombre de Leonor son el demostrativo que los vinos tienen alma de mujer. Nuestro amado y muy jerezano Oloroso -ese que llevamos todos los nacidos en esta región entreverado en nuestro código genético- llegó de la mano de Isabel Ortegón para hacernos sentir esa bendita crianza oxidativa.

El fin de fiestas llegó con una “Promesa”: la de la uva Moscatel que sin ser soleada o pasificada al sol, madura pacientemente en planta hasta adquirir una dulzura presentada por Victoria Frutos. De notas elegantes, frescas, dulzor puntual bien balanceado con la temperatura y de aromas elegantemente femeninos ideales para un extraordinario final.

Todas ellas se unieron para transmitir lo que durante tantas generaciones otros no pudieron hacer. Como bien dice Silvia Flores: madres o abuelas… mujeres por todos lados que como el Palo Cortado parecieran quedarse en un rincón oscuro de la bodega, es ahora cuando con argumentos y firmeza salen a la luz, dan un paso hacia adelante liberándose de ataduras de reivindicación, y para mostrar desde el amor, cariño y cuidado lo que son y saben; con vino en mano, desde el alma, con alma de mujer.

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